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Precio cero: ¿la muerte de éxito de las renovables? | Opinión

Ángel García (Bloomberg)

El crecimiento del autoconsumo energético es imparable. El informe de autoconsumo fotovoltaico del año pasado, publicado por Appa Renovables, señala un aumento del 120% en potencia instalada, lo que supone superar los 2.600 nuevos MW y más de 3.000 millones de euros de inversión. Se espera que en 2023 la cifra vuelva a superar récords, impulsada por los incentivos de los fondos Next Generation, los objetivos de transición energética del Gobierno y los altos precios de la energía.

Sin embargo, el aspecto económico empieza a resultar desconcertante. Mientras que en 2022 llegamos a picos de 700 euros/MWh, en menos de un año hemos pasado a varios momentos con la luz a precio cero en media Europa, y empieza a ser frecuente. ¿Es un modelo sostenible, o las amenazas de quiebra de las energéticas están fundamentadas?

Que el precio llegue a cero en el mercado mayorista no significa que sea gratis para quien la consume. El coste cero se aplica solo en el mercado regulado, y se le suman igualmente peajes, potencia contratada o tasas. La energía no es gratis y nunca debería serlo, ya que siempre implicará esfuerzos para administrarla, pero como bien básico, es una gran noticia que sea más accesible, económica y democrática.

El coste cero de la luz es síntoma del avance hacia la soberanía energética. Será cada vez más habitual, pero no debe desincentivar la inversión ni despistarnos de los ambiciosos objetivos que dibuja Europa. La rápida aceleración de las renovables, la reducción del IVA o la excepción ibérica han reducido precios en un mercado todavía muy volátil. Seremos erráticos y poco efectivos si adoptamos una estrategia guiada exclusivamente por el ahorro económico.

Y es que vamos a seguir viendo cómo precios muy bajos conviven con otros muy altos, porque las curvas de la demanda y la producción energética renovable tienden a ser inversas. Ya se sabe que los picos de producción suelen producirse en las horas centrales del día, pero la demanda energética suele aumentar cuando cae el sol.

La gran clave para resolver este desajuste es el almacenamiento. Las baterías son el gran aliado de Europa para una energía verde y mejor administrada. Las instalaciones fotovoltaicas que incorporan almacenamiento logran los llamados peak shaving y filling valleys, que consisten en equilibrar la curva haciendo entrar la energía renovable en momentos de mayor precio o de menor producción, lo que protege el bolsillo del usuario.

Una instalación habitual de placas fotovoltaicas, con paneles bien dimensionados y buenas tecnologías de inversores, ya puede amortizarse en dos o tres años a los precios actuales de la energía. No obstante, si introducimos sistemas de almacenamiento energético y optimizadores, el retorno podría dilatarse de cinco a seis años.

Esto requiere una mentalidad a largo plazo, con foco en la sostenibilidad y estabilidad del modelo. Las baterías nos harán llegar más tarde al retorno de la inversión, pero desde el principio nos ubican en la carrera de la independencia energética y el autoconsumo a base de renovables.

También implica desafíos en la capacitación de nuestros profesionales y empresas. Los instaladores requieren de nuevos conocimientos técnicos en sistemas de almacenamiento y en el software que los optimiza, que avanza a gran velocidad. Entenderlos y aplicarlos es, además, el primer paso para divulgar sus ventajas y convencer al cliente de este cambio de mentalidad en el momento de la comercialización.

La capacidad de las baterías de regular la demanda no dependerá exclusivamente de su capacidad bruta de almacenamiento, sino de su administración inteligente. El mercado ya está incorporando nuevos sistemas, sustentados en inteligencia artificial, para ayudar a los propietarios a tomar decisiones en la gestión de su instalación. Estos sistemas ya son capaces de autorregularse para hacer entrar las renovables cuando más se necesiten, verter a la red en caso de excedentes, e incluso activar o desactivar de forma autónoma cualquier dispositivo conectado al sistema, de acuerdo con las preferencias del usuario.

Las baterías también proporcionan un backup de seguridad que puede resultar clave en industrias donde una interrupción en el suministro se traduce en pérdidas importantes de producción. Muchos sistemas de almacenamiento ya pueden utilizarse tanto conectados a la red como en sistemas aislados a modo de micro red, en escenarios de autoconsumo comercial e industrial, así como en grandes plantas fotovoltaicas. Además, algunas compañías empiezan a ofrecer diseños modulares que permiten expansiones de capacidad conforme a las necesidades de la instalación, adaptándose a múltiples escenarios de carga y descarga.

En definitiva, se trata de incrementar nuestro poder sobre la energía para ponerla a disposición de nuestras necesidades. Soberanía energética significa garantizar suministros ante la incertidumbre provocada por conflictos internacionales, condiciones climáticas adversas o escasez de recursos. Y esto solo es posible con el almacenamiento como soporte ante los caprichos de la producción de energía verde. Es una cuestión estratégica como país, pero también como clave competitiva en nuestras empresas y mecanismo de ahorro para nuestras familias.

Jesús Heras es Director Técnico de Wattkraft Ibérica

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By Laura Salas

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